Monday, July 17, 2017

"El perdón auténtico es imposible alcanzarlo con nuestras fuerzas... es un don que te lo da Dios", por Sor Leticia, Dominica de Lerma


Sor Leticia ha escrito un libro que se titula “Si no puedes perdonar esto es para ti” (LibrosLibres) que ya va en apenas tres meses por su tercera edición con más de 8.000 ejemplares vendidos.

- ¿Por qué escribiste este libro?
-Todo surgió a raíz de una experiencia personal: yo no era capaz de perdonar.

- ¿Una monja de clausura que no puede perdonar?
- Sí, exacto. En ese momento llevaba 16 años en el monasterio, lo había intentado todo, me había esforzado al máximo... pero había una espina que no lograba arrancar de mi corazón. Llegué a pensar que debía resignarme a llevar ese peso toda mi vida pero, en ese momento... ¡se me dio!

- ¿El qué?- ¡¡El don del perdón!! Fue cuestión de un instante. Sentí como si un rayo me atravesase, curando todas las heridas. Desde ese momento, descubrí la verdad: el perdón auténtico es un don.

- ¿A qué te refieres?- A que es imposible alcanzarlo por las propias fuerzas. Mira, yo lo explico así: Tú puedes poner todo tu empeño en perdonar a una persona. Haces todo lo posible... pero, como mucho, sólo lograrás perdonar un 70%. El otro 30%, lo profundo del corazón, es incontrolable. Es lo que reflejamos en frases como "Yo he perdonado, pero, cuando le veo se me revuelve el estómago, no puedo evitarlo".

- Entonces... ¿cómo se puede perdonar de verdad?- Ésa es la cuestión. Tú no puedes. Y, precisamente por eso, porque tú no puedes, hay Alguien que lo ha conseguido para ti. Tu impotencia está pidiendo un Salvador... y Cristo ha dado hasta la última gota de su sangre por ti. Ésa es la clave: Él quiere perdonar en ti. El perdón de corazón... es Su regalo.

- Bueno, sí, pero imagino que eso es para personas consagradas... en fin, para alguien que tenga un cierto "nivel" de vida espiritual...- ¡No, para nada! Cristo no es para unos pocos elegidos; Cristo es para los cristianos, ¡Cristo es para ti! Ése es precisamente el título del libro: Si no puedes perdonar, esto es para ti, porque Cristo te ama a ti, con tu historia, con tus circunstancias, y quiere obrar milagros en tu vida. ¡Sí, sí, en la tuya! Yo no soy muy amiga de las teorías. Jesucristo actúa en la vida real, así que eso es lo que hemos contado: siete testimonios reales de personas que han recibido el don del perdón. Por eso digo que el auténtico autor de este libro es Él, Cristo es el centro de este proyecto, de este equipo de 21 personas.

- ¿Pero no decías que eran 7 testimonios?
- Bueno, en las cosas del Señor, uno sabe dónde empieza... ¡pero no imaginas dónde acabarás!
Cuando sentimos que el Señor nos pedía comenzar este libro, me parecía una locura, pero, desde que nos embarcamos y le dijimos sí a esta nueva aventura que Él nos proponía, ¡Cristo se ha derrochado en mil bendiciones! Nuestro obispo, don Fidel, con un cariño paternal, nos ha acompañado en este proyecto y ha sido él quien ha escrito el prólogo. Por otro lado, nosotras, al ser monjas de clausura, no podíamos salir a buscar testimonios... ha sido el Señor el que los ha ido trayendo al locutorio sin nosotras buscarlos. Y nuestro sacerdote iba acompañando cada uno de nuestros pasos... Como ves, bendición tras bendición, ¡hasta nos ha regalado un CD de música!

-¿ El libro lleva un cedé?
- Sí, con siete canciones. Nosotras hemos escrito las letras y unos amigos, reteros de Toledo, han puesto la música y se han encargado de grabarlo. Es más, cuando ya estábamos a mitad del proyecto, nos regaló conocer a Jorge, un retero de Bilbao, que, unos meses antes, le había pedido al Señor poder hacer un trabajo para Él. Jorge es publicista y se ha encargado de hacer el diseño de la portada, del CD... ¡y hasta de los carteles de las presentaciones!

- ¿Presentaciones? ¿Dónde, cuándo? - Sinceramente, cuando entregué el libro al editor, para que empezaran a imprimirlo, pensé que esta aventura ya había terminado, ¡pero es evidente que no!
Muchos amigos, que nos han acompañado con su oración desde el principio, nos empezaron a pedir que organizásemos presentaciones en sus ciudades. Por ahora habrá dos presentaciones en Madrid, una en Valencia, otra en Burgos, otra en Toledo...

- ¿Y allí firmaréis los libros?- Bueno, digamos que son unas presentaciones un poco especiales. En primer lugar, nosotras somos monjas de clausura por lo que no iremos a las presentaciones; si no que, desde nuestro monasterio, oraremos por quienes participen en ellas. Y, si decimos que el verdadero autor es Cristo, la mejor presentación de este libro sólo podía ser... ¡una adoración! Ése es realmente nuestro objetivo: llevar a la gente a Cristo. Él es quien da el don del perdón, es a Él a quien queremos que miren... porque Cristo nunca defrauda. Él es quien da el perdón total. Nuestra misión es llevar a la gente a ponerse delante de Jesucristo. Lo demás lo hace Él.

Monday, May 29, 2017

Los secretos inconfesables... y la confesión. "¿Éramos más felices cuando había colas ante los confesionarios o ahora?" por Isabel Gómez Acebo

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define secreto, en su primera acepción, como "cosa que cuidadosamente se tiene reservada" y me ha resultado interesante un estudio, que hacen profesores de la universidad de Columbia, sobre los secretos que tienen las personas y la manera por la que afectan a su psique. El artículo en el que publican sus ensayos aparece en la revista Journal of Personality and Social Psychology y está firmado por los profesores Slepian, Chun y Mason.

En este trabajo demuestran que las personas guardan secretos en todos los aspectos de la vida, incluso cuando no están acompañadas pues afirman que "el secretismo es algo que puede darse a solas en un cuarto" ya que al generar frecuentes imágenes pueden dañar al bienestar pues nuestros pensamientos, se estima, abarcan un tercio de nuestra vida alerta. De aquí, que los estudios sobre la depresión sugieren que el pensamiento negativo y repetitivo produce estados depresivos mientras que la imaginación, si es positiva, genera sentimientos de bienestar. Pero además los secretos que guardamos nos hacen considerarnos no auténticos al no estar revelando situaciones o cosas sobre nuestras vidas que cambiarían el concepto que los demás tienen sobre nosotros.

Para realizar el estudio buscaron a participantes por Internet y, vis a vis, mediante encuentros que se realizaban en el Central Park de Nueva York. Dividieron los secretos en 38 categorías, las que consideraron más comunes: drogadicción, robo, aborto, mentiras, pensamientos de infidelidad, infidelidad sexual, haber hecho daño, deslealtad... Y les preguntaron a los voluntarios participantes si mantenían algún secreto, si les dedicaban frecuentes pensamientos y si consideraban que habían afectado a su bienestar.

Una amplia mayoría confesó que tenía alguno de los secretos (13 fue la cifra) mencionados en las categorías y sólo un 2% negó tener alguno. Los que se veían afectados consideraban que les pesaban en sus conciencias ya que estaban proyectando una imagen no auténtica de sus personas.

Me preguntarán, y con razón, los motivos que me llevan a ofrecer los resultados de este artículo, tan profesional, a los lectores pero creo que existe una conexión con la confesión católica. Con frecuencia revelar un secreto descarga la conciencia pero no siempre tenemos a mano a la persona en la que confiar, no estamos seguros de que mantendrá su boca sellada y no nos delatará. Los judíos descargaban sus culpas sobre un carnero, el chivo expiatorio, que el Sumo Sacerdote despeñaba por un precipicio.

Los católicos hemos colocado mucho peso sobre nuestras culpas, creo que demasiado pues la historia de la cristiandad ha producido algunas conciencias torturadas, pero teníamos a mano los confesionarios para descargarnos, una labor que en un mundo secular llevan a cabo los psicólogos que nos cobran por unos servicios que los sacerdotes suministran gratis et amorem ¿Éramos más felices cuando había colas ante los confesionarios o ahora? Cada uno dará su respuesta.

Sunday, February 19, 2017

Dios perdona CON CONDICIONES, por el P. Jorge González Guadalix

Hace no mucho hablaba un servidor con los niños sobre el pecado, la reconciliación y las condiciones para el perdón. Les ponía un ejemplo claro que puede suceder perfectamente en casa. Los niños que se ponen a jugar con el balón dentro de casa. Que no, que eso no, y los críos que siguen… hasta que, como era de esperar, el balón toma vida propia y decide hacer añicos un cristal de la vitrina y parte de su contenido.

¿Qué pasa a partir de ahora? Uf, respondieron los críos. Que te la has cargado… ¿Papá y mamá perdonan? Sí, pero te la has cargado…

Imaginaos, les digo, que tras romper el cristal decís a papá y mamá que os da igual y que pensáis seguir jugando al balón en casa. ¿Así os van a perdonar? Entonces sí que te la cargas…

Los niños lo tienen claro: has hecho una cosa mal, toca castigo y si quieres perdón, arrepentimiento y propósito de la enmienda. Los normal. LO NORMAL.

Pues aquí tenemos cada día más pseudo teólogos, algunos de alto nivel, empeñados en que Dios perdona siempre sin condiciones. Bárbara barbaridad.

De siempre, para hacer una buena confesión y acceder de forma adecuada al sacramento de la reconciliación, se nos han enseñado cinco cosas necesarias.

Empezaba el asunto por el examen de conciencia, es decir, por reconocer que hay cosas que se hacen contrariamente al designio de Dios. Seguía aquello del dolor de los pecados, ese sentimiento por haber hecho las cosas mal, tras el cual venía el propósito de la enmienda, porque no tiene sentido pedir perdón si vas a seguir jugando al fútbol en el salón de casa. Ya saben cómo seguía la cosa: decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia (el castigo, que dicen los niños).

No me digan por qué hay gente empeñada en lograr la cuadratura del círculo. Vamos, que uno puede hacer lo que quiera porque Dios perdona sin condiciones, por tanto, ni arrepentimiento, ni propósito de la enmienda ni nada. Eres adúltero, pero Dios te ama y te acepta así y te perdona porque es bueno, aunque sigas con tu triste vida de pecado. Eres defraudador, pero Dios te perdona sin que tengas que arrepentirte y sobre todo sin que sea necesario devolver lo defraudado, amén de seguir con las mismas trapisondas. Este otro es mentiroso, calumniador y difama más que habla. Pero como Dios perdona siempre…

Presentar el perdón de Dios sin conversión, porque conversión es arrepentimiento, penitencia y cambio de vida, es fraude al pueblo cristiano se pongan como se pongan, porque so capa de misericordia y comprensión eso lo único que hace es dar razones para perpetuarse en el pecado, justificar el alejamiento de Dios y ocultar el camino de la conversión y de la gracia.

Servidor, tiene por costumbre, sobre todo confesando niños, explicar que el perdón de Dios solo es posible si se dan dos condiciones: el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, que para ello ahí tenemos nuestro esfuerzo y la ayuda de la gracia. Pues se lo aviso, a niños y a grandes: uno es partidario del plan antiguo y de las cinco condiciones para una buena confesión.

Lo de Dios perdona sin condiciones suena bien, pero es una frase que tiene más peligro que un mono con dos pistolas, porque es la frase justa para eliminar la necesidad de conversión y justificar y comprender el vivir en el pecado.

Jamás dijo Cristo eso. Lo que dijo es convertíos… Pues nada. Es inútil. Y todo por congraciarse con el mundo.