Thursday, December 19, 2019

El Papa elimina el «secreto pontificio» para los casos de abuso sexual

El Papa Francisco, mediante la Instrucción «Sobre la confidencialidad de las causas», ha eliminado el secreto pontificio de las denuncias, los procesos y las decisiones que afectan a los casos de abusos sexuales.

Secreto pontificio no es secreto de confesión

El secreto pontificio es la obligación de guardar reserva sobre ciertos aspectos del gobierno de la Iglesia en los que intervenga la Santa Sede. Viene regulado por la instrucción "Secreta continere" (1974), de Pablo VI.

El secreto pontificio no es de Derecho divino, ni es absoluto, puede dispensarse y puede cambiar por decisión legislativa. Su función es evitar males que podrían derivarse de una publicación descontrolada de materias que pueden afectar a la conciencia, la fama de las personas, la presunción de inocencia, etc., como también guardar la discreción debida en otros asuntos, como las gestiones para la designación de un obispo diocesano.

Las nuevas instrucciones

La instrucción, comunicada hoy martes 17 de diciembre, entrará en vigor en cuanto sea publicada oficialmente en L’Osservatore Romano.

Además, mediante un rescripto, el Papa Francisco también decidió que se considerará delito de pornografía infantil por parte de un clérigo «la adquisición o posesión o divulgación, con un fin libidinoso, de imágenes pornográficas de menores de 18 años». Hasta ahora, se consideraba pornografía infantil la posesión de material pornográfico de menores de 14 años. Esto supone una modificación de las Normas Sustanciales del Motu Proprio «Sacramentorum Sanctitatis Tutela», de San Juan Pablo II, del 30 de abril de 2001», que entrarán en vigor el 1 de enero de 2020.

Con esta modificación también se elimina la obligatoriedad de que el abogado y procurador en los delitos más graves contra la moral o la celebración de los sacramentos tenga que ser un sacerdote.

En la Instrucción se establece que los delitos que no estarán sometidos al secreto pontificio son los citados en el artículo 1 del Motu proprio «Vos estis lux mundi», del 7 de mayo de 2019, y en el artículo 6 de las Normae de gravioribus delictis reservados al juicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, mencionados en el Motu proprio «Sacramentorum Sanctitatis Tutela», de san Juan Pablo II, del 30 de abril de 2001, y sus posteriores modificaciones.

Además, en la Instrucción se concreta que «la exclusión del secreto pontificio también subsiste cuando tales delitos hayan sido cometidos en concomitancia con otros delitos».

La Instrucción también subraya que «la información se tratará de manera que se garantice su seguridad, integridad y confidencialidad» «con el fin de proteger la buena reputación, la imagen y la privacidad de todas las personas involucradas».

Aunque se insiste también en que «el secreto de oficio no obsta para el cumplimiento de las obligaciones establecidas en cada lugar por la legislación estatal, incluidas las eventuales obligaciones de denuncia, así como dar curso a las resoluciones ejecutivas de las autoridades judiciales civiles».

La Instrucción concluye señalando que «no puede imponerse ningún vínculo de silencio con respecto a los hechos encausados ni al denunciante, ni a la persona que afirma haber sido perjudicada ni a los testigos».

La modificación de las Normas Sustanciales del Motu Proprio «Sacramentorum Sanctitatis Tutela» afecta a los artículos 6, 13 y 14 de dicho texto legislativo.

La redacción del artículo 6 se modifica en el párrafo que define la edad hasta la que se considera pornografía infantil. La nueva redacción define como delito grave contra la moral, cuyo juicio queda reservado a la Congregación para la Doctrina de la Fe «la adquisición o posesión o divulgación, con un fin libidinoso, de imágenes pornográficas de menores de dieciocho años por parte de un clérigo, de cualquier forma y por cualquier medio».

En el artículo 13 se elimina la obligación de que el abogado y procurador sea un sacerdote. El nuevo párrafo queda redactado del siguiente modo: «Funge de abogado y procurador un fiel, doctorado en derecho canónico, aprobado por el presidente del colegio».

Por último, el artículo 14 se sustituye por el siguiente: «En los otros tribunales, sin embargo, para las causas de las que tratan las presentes normas, pueden desempeñar válidamente los oficios de juez, promotor de justicia y notario solamente sacerdotes». Por lo tanto, el patrono queda excluido, a diferencia de la anterior redacción.

Secreto de confesión

Por otra parte, Mons. Juan Ignacio Arrieta, Secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, explicó, en una contribución distribuida por la Oficina de Prensa del Vaticano, que la eliminación del «secreto pontificio» en los casos de delitos de abusos sexuales no supone un menoscabo al secreto de confesión.

«La Instrucción no tiene ningún tipo de colisión con el deber absoluto de observar el sello sacramental, que es una obligación impuesta al sacerdote en razón de la posición que ocupa en la administración del sacramento de la confesión, y de la cual ni siquiera el penitente podría liberarse.

Ni siquiera la Instrucción tiene el deber de estricta reserva adquirida posiblemente fuera de la confesión, dentro de todo el fuero ‘extra sacramental’», señaló.

Además, consideró un detalle importante «el hecho de que el conocimiento de estas acciones criminales ya no esté vinculado al secreto pontificio no significa que la publicidad gratuita sea despejada por quienes la poseen, lo que además de ser inmoral, dañaría el derecho de las personas a la buena fama».

«Esto significa que las personas informadas de la situación o involucradas de alguna manera en la investigación o instrucción del caso deben ‘garantizar la seguridad, integridad y confidencialidad’ y no compartir información de ningún tipo con terceros, sin relación con la causa. Entre los sujetos involucrados en el proceso, una vez iniciado formalmente, obviamente está el acusado, por lo que la nueva disposición también favorece el derecho adecuado a la defensa».

Asimismo, el Secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. Charles Scicluna, definió la abolición del secreto pontificio en casos de abusos sexuales como una decisión histórica «en el contexto de la institucionalidad jurídica del secreto pontificio». Además, subraya que la eliminación del secretor pontificio en los casos ya citados «llega en el momento justo».

Mons. Scicluna citó algunos de los impedimentos que exitían hasta ahora: «la víctima no tenía la oportunidad de conocer la sentencia que siguió a su denuncia, porque existía el secreto pontificio. También otras comunicaciones eran obstaculizadas, porque el secreto pontificio es un secreto del más alto nivel en el sistema de confidencialidad del Derecho Canónico. Ahora también se facilita la posibilidad de salvaguardar a la comunidad y de decir el resultado de una sentencia».

¿Qué diferencia hay entre el secreto pontificio y el secreto de confesión?

Para que ningún obispo, conferencia episcopal ni orden religiosa puedan, en adelante, esconder basura debajo de la alfombra, el Papa Francisco abolió este martes el secreto pontifico sobre las investigaciones y procesos por abuso sexual de menores o adultos vulnerables.

La norma ha entrado en vigor este miércoles, al ser promulgada en primera página de « L’Osservatore Romano» con un título rotundo: «Abolido el secreto pontificio en los casos de abusos sexuales».

La confidencialidad se limitará solo a las leyes de protección de la privacidad en cada país. Desaparece también el secreto pontificio respecto a este tipo de delitos en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Esto significa que las diócesis y órdenes religiosas deben entregar a la justicia todos los documentos que requieran fiscales y jueces. Ya no hay secreto pontificio en esas materias, ni respecto a las autoridades civiles ni respecto a las víctimas, que podrán conocer la situación de sus denuncias y las penas impuestas a los culpables.

Es un paso de gigante hacia la cultura de la transparencia, el sentido cívico y la ayuda a las víctimas. La entrega de documentos a los tribunales civiles que los requieran será una excelente ayuda a la justicia, dejando definitivamente atrás el abuso de ese secreto para obstruir la justicia.

La abolición del secreto pontificio se refiere solo a los documentos sobre abusos sexuales de menores y no toca en absoluto el secreto de confesión, ni siquiera en ese tema.

El «sigilo sacramental» permanecerá inalterable, incluso en países, como Australia, que establecen la denuncia obligatoria. Los confesores se arriesgarán a las penas civiles de una ley contraproducente, pues aleja a los abusadores del arrepentimiento.

¿Dónde sigue en vigor?

La Instrucción de Secreto Pontificio, establecida por Pablo VI en 1974, seguirá aplicándose a los informes sobre candidatos al episcopado o a cargos en el Vaticano que envían las nunciaturas. Y por supuesto a los informes previos al nombramiento de cardenales o de legados pontificios para tareas específicas. El secreto pontificio se mantiene respecto a los informes de esos legados, a excepción de lo que se refiera al abuso de menores.

El secreto pontificio cubre además la parte de los trabajos preparatorios de documentos papales -encíclicas, exhortaciones apostólicas, etc...- a la que se imponga. También son secretos los informes enviados a la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre aspectos doctrinales de libros o enseñanzas de teólogos y profesores en instituciones católicas de alto nivel, lo mismo que en el proceso de examen en Roma, incluidos los dictámenes de terceros.

Por último, queda bajo secreto pontificio todo lo que el Papa, un jefe de departamento de la Curia vaticana o un legado pontificio declare como tal por los motivos que considere convenientes. Muchos son posteriormente desclasificados.

por Juan Vicente Boo

Thursday, September 13, 2018

Secreto de confesión y abusos sexuales

El Tribunal Supremo del Estado de Louisiana (28 octubre 2016) ha decidido que un sacerdote que recibió en la privacidad de la confesión la confidencia de una penitente menor de edad que había sufrido abusos sexuales no puede calificarse como "denunciante obligatorio" (mandatory reporter) según la ley civil.

Para el Tribunal Supremo: "Cuando un sacerdote, rabino, o ministro debidamente ordenado ha adquirido conocimiento de abuso o negligencia de una persona durante una confesión u otra comunicación sagrada, deberá alentar a esa persona a informar, pero no deberá ser un informante obligatorio de esa confidencia recibida en confesión o comunicación sagrada".

Esta orientación tuitiva del secreto de confesión ha sido ratificada hace apenas unos días por un Tribunal de Florida (15 de junio de 2018) en un caso que enfrentaba al Padre Vicenzo Ronchi contra el Estado de Florida y Loren Tim Burton; el Tribunal entendió que obligar a un sacerdote a revelar en juicio el contenido de una confesión, como prueba adicional y corroborativa del abuso cometido por el penitente, contraviene la ley estatal que protege la libertad religiosa de los ciudadanos.

Años antes, Conan W. Hale, convicto por robo en una penitenciaría de Oregon, solicitó los servicios de un sacerdote católico. La confesión del preso fue grabada a través de sofisticados medios, y se pretendió utilizarla como medio de prueba en un posterior juicio contra Hale por homicidio. La Santa Sede presentó una protesta formal ante el Gobierno de Clinton por esta intromisión en la intimidad y en la libertad religiosa de un ciudadano. La prueba no fue aceptada por los tribunales de Estados Unidos.

En el debate sobre las Reglas de Procedimiento y Prueba del Tribunal Penal Internacional, se desestimó una propuesta encabezada por Canadá y Francia que pretendía no reconocer el derecho de los ministros de culto de abstenerse de declarar en juicio sobre cuestiones conocidas a través del secreto de confesión o de confidencias de sus fieles. De modo que el art. 73, (U. Doc. PCNICC/2000/1/Add.1 (2000)) dispone: "...la Corte Penal Internacional reconocerá el carácter privilegiado de las comunicaciones hechas en el contexto del sacramento de la confesión, cuando ella forme parte de la práctica de esa religión".

Repárese que estos ejemplos de protección de la confidencialidad del penitente se extienden, entre otros, a tres delitos detestables: abusos sexuales a menores, robo con homicidio y terrorismo. La razón probablemente estriba -aparte de consideraciones éticas- en que, en el mundo del derecho, las excepciones a reglas generales no es raro que actúen como una cuña de punta muy fina, pero de amplia base. Si aceptamos fácilmente en materias graves las excepciones, la punta filosa tiende a introducirse más y más, acabando por multiplicar lo excepcional, hasta desgarrar el tejido general de la ley. Piénsese en el caos mediático que seguiría a imponer la obligación de revelar sus fuentes a los titulares de la fiducia mediática.

La reciente aprobación de una ley (7 junio 2018) por la Asamblea Legislativa del Territorio de Canberra (Australia) que obliga a los sacerdotes a romper el secreto de confesión cuando, durante la administración del sacramento, conozcan de algún caso de abuso sexual, pone al rojo vivo los casos mencionados.

La disposición australiana contó con el apoyo de los principales partidos políticos y, en principio, entrará en vigor el 31 de marzo de 2019. La Archidiócesis de Canberra y Goulburn tendrá nueve meses para negociar con el Gobierno el funcionamiento de la nueva normativa.

El propósito de la ley, bajo el nombre de Enmienda Ombudsman 2018, es ampliar el Esquema de Conducta Denunciable (reportable behavior scheme) que rige las denuncias de abuso y mala conducta contra menores de edad, incluyendo también a organizaciones religiosas. Extiende la obligación de informar sobre abusos sexuales a menores a todas las iglesias, incluyendo el sigilo sacramental de la confesión.

El tema es de importancia capital, pues entremezcla escándalos sexuales a menores, ordenamientos confesionales, privacidad en las relaciones entre profesionales de la información y sus fuentes, secretos médicos, confidencialidad legal y un largo etcétera de un horizonte fuertemente tutelado por la protección de las fuentes.

Como una nube radiactiva se han cernido sobre la Iglesia católica los casos de abusos sexuales a menores de edad. Cuando escribo estas letras, el Papa Francisco aparece abochornado y dolido ante los casos irlandés, australiano y estadounidense, por citar los tres más señalados. La ley australiana es, en principio, comprensible, al moverse en el plano de esa ira legal razonable, sin la cual no habría tribunales de justicia ni jueces que la aplicaran.

Pero en materia jurídica, la pasión no debe oscurecer la razón, pues no hay nada más difícil que hablar desapasionadamente de la pasión. De ahí que me permita contrastar en esta materia pasión y razón legal, con el objeto de que a un crimen abominable no se superponga una dudosa solución legal.

Me van a permitir que de los escándalos enunciados me fije ahora en el caso de Pennsylvania. El informe del Gran Jurado -informe, no sentencia- cubre un periodo de unos 70 años (1950-2017) y cita los nombres de 301 sacerdotes contra los que existen "acusaciones creíbles" de abusos sexuales durante su ministerio, de los que habrían sido víctimas al menos 1.000 menores identificados. El informe, que en algún caso se remonta a la Segunda Guerra Mundial, concluye que casi todos los acusados están muertos o han sido expulsados del sacerdocio.

Por ejemplo, en la Diócesis de Harrisburg, se nombran 71 personas: 42 ya han fallecido y cuatro están desaparecidos. La mayoría de los que todavía están vivos ya no están en el ministerio. Según admitió el 14 de agosto el fiscal que preside el Gran Jurado de Pennsylvania, y fiscal general, Josh Saphiro: "En casi todos los casos de abuso infantil, los sospechosos son demasiado viejos para ser enjuiciados". Tiene razón. Pero si él lo sabía desde el comienzo, ¿por qué siguió en este callejón sin salida?

En un análisis profundo del caso Pennsylvania, Bill Donohue, sociólogo de la Universidad de Nueva York, llega a la conclusión de que la actuación de Saphiro y de su antecesora en el cargo, Kathleen Kane, fiscal general del estado de Pensilvania -que fue encontrada culpable por nueve cargos entre los que figuran perjurio, conspiración criminal, filtrar información sobre un gran jurado y luego mentir sobre ello, en un esfuerzo por desacreditar a un rival político-, fue movida por una corriente de animadversión soterrada hacia la Iglesia católica. De ahí la publicación del informe cuando Francisco acometía decididamente problemas de abusos sexuales en Irlanda.

En realidad, el caso Pennsylvania se ha diluido a partir de 2002, cuando la Santa Sede y los obispos USA impusieron enérgicas medidas disuasorias, que han sido muy eficaces. Como ha señalado el director de la Sala de Prensa vaticana en una nota, "la mayor parte del informe se refiere a abusos cometidos antes de los primeros años 2000. No habiendo encontrado apenas casos después de 2002, las conclusiones del Gran Jurado son coherentes con estudios precedentes que muestran cómo las reformas hechas por la Iglesia católica en Estados Unidos han reducido drásticamente la incidencia de los abusos cometidos por el clero".

El caso australiano comienza también a decaer en su virulencia. Una Comisión Real en Australia realizó en 2017 un sólido informe sobre el problema de abusos a menores entre todo tipo de instituciones. Según este informe, en el periodo 1950 a 2010 hubo acusaciones de abusos contra el 7% de todos los sacerdotes australianos. Si se mide por décadas, los sacerdotes diocesanos acusados fueron el 2,9% en los años 50, el 4,5% en los 60, el 4% en los 70, para caer al 0,2% en los 2000.

Esos datos no parecen justificar la drástica medida de eliminar el secreto de confesión en los supuestos de abusos sexuales a menores. Sobre todo si se piensa en lo insólito de la medida en el contexto del derecho comparado. No se olvide que en el Derecho de la Iglesia el sigilo sacramental es inviolable (canon 983, Código de Derecho Canónico). A su vez, el confesor que viola directamente el secreto de la confesión incurre en excomunión automática (c. 1388). Esta rigurosa protección del sigilo sacramental implica también la incapacidad de ser testigo en relación con lo que conoce por confesión sacramental, aunque el penitente le releve del secreto "y le pida que lo manifieste" (cánones 1548 y 1550).

Ciertamente , en la discutible medida legal australiana está en juego la primera de las libertades, que es la religiosa.

Autor: Rafael Navarro-Valls
Publicado en El Mundo.

Sunday, February 11, 2018

El Papa excomulga a un sacerdote australiano por romper el secreto de confesión

El Papa Francisco ha ordenado la excomunión de un sacerdote en Australia, tras una investigación de dos años en la que se comprobó que el religioso (procedente de Nigeria), había roto el secreto de confesión.

En 2016, la diócesis de Brisbane recibió una serie de denuncias contra el padre Ezinwanne Igbo. En una de esas quejas, se alega que cometió un delito canónico que resultó en la excomunión automática. Esto no era un delito según el Código Penal de Queensland, pero sí en el ordenamiento jurídico eclesiástico, según constata la propia diócesis.

La Santa Sede instó al arzobispado a abrir una investigación, que confirmó la veracidad de las acusaciones por unanimidad. Tras esto, el arzobispo sometió el juicio a la Santa Sede, quien solicitó que la excomunión se hiciera pública.

"Mientras la excomunión permanece vigente -añade la nota-, el P. Ezinwanne no puede ejercer ningún trabajo ministerial durante la celebración de la Misa o cualquier otro culto público". Además, no puede celebrar ni recibir los sacramentos. La excomunión permanecerá en vigor "hasta que el P. Ezinwanne busque y el Papa le conceda la remisión, que es el único que puede otorgarla".

La diócesis concluye pidiendo perdón "a todos los que han sufrido como resultado de lo sucedido", aunque no ha aclarado en qué consistía esa ruptura del secreto de confesión.

Monday, January 15, 2018

El Arzobispo de Melbourne defiende el secreto de confesión

El arzobispo de Melbourne (Australia), Mons Denis Hart, ha defendido el secreto de confesión en casos de pederastia, aunque precisa que no absolvería al agresor hasta que acudiera a las autoridades.

Mons. Hart, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos australianos, hizo esas declaraciones tras conocer las recomendaciones de una comisión gubernamental que investigó durante cinco años la respuesta en instituciones públicas y religiosas a los abusos sexuales contra menores.

La Comisión Real ha entregado este viernes su informe final con 189 nuevas recomendaciones, que se suman a las más de 200 que hizo anteriormente sobre los casos de pederastia que se remontan hasta 1920, aunque la mayoría ocurrió a partir de 1950. La Iglesia católica, con fuerte presencia en Australia, es una de las congregaciones religiosas investigadas.

Recomendaciones inaceptables

Entre las recomendaciones está, en lo que supone una increíble intromisión en cuestiones que no atañen a una comisión de ese tipo, el instar al Vaticano a cambiar aspectos de la ley canónica para permitir que el celibato sea voluntario y que se elimine el secreto de confesión en los casos de pederastia.

Mons. Hart comentó a los periodistas que el secreto de la confesión es «inviolable» y que en el caso de estar frente al agresor, él rehusaría darle la absolución hasta que acuda a las autoridades.

El arzobispo de Melbourne reafirmó que él optaría por respetar el secreto a pesar de sentirse «en un terrible conflicto» en caso de escuchar un caso de pederastia porque de lo contrario sería excomulgado.

Mons. Hart comentó que se llevaría las recomendaciones de la comisión al Vaticano al asegurar que la Iglesia católica las ha recibido «con mucha seriedad» y admitió que la institución «le ha fallado históricamente» a los niños.

Monday, December 11, 2017

Condenado a la silla eléctrica, se bautizó y halló la paz: hasta sus víctimas lucharon para salvarlo

Billy Moore sabe perfectamente lo que es estar al borde de la muerte durante años y la fuerza sanadora del perdón. Este estadounidense fue condenado a la silla eléctrica tras asaltar una casa para robar y matar a su dueño.

Esperando una ejecución que se iba posponiendo conoció a Dios y se fue convirtiendo. Admitió su culpa y las responsabilidades y se bautizó. Pero lo que no podía imaginar es que tras escribir una carta a la familia de su víctima pidiendo perdón, ésta aceptara sus disculpas y encima luchara para pedir no sólo que no fuera ejecutado sino que fuera puesto en libertad. Moore ha estado invitado en Madrid por la Comunidad de San Egidio para hablar en contra de la pena de muerte y Alfa y Omega ha recabado su testimonio:

La historia de Billy Moore es una historia de perdón y reconciliación. Pero también de providencia. Algo así como la prueba de que de la muerte puede surgir la vida. Sí, aquí en la Tierra. Él lo experimentó así cuando, en 1974, al entrar a robar en una casa para dar de comer a su hija, asesinó a su dueño, el señor Stapleton. Y fue sentenciado a muerte tras confesar su crimen. Moriría, dictó el juez, en la silla eléctrica.

Sin embargo, las fechas se fueron posponiendo paulatinamente y durante ese tiempo, en total 17 años, su vida cambió. Primero fue la carta de una prima, que lo invitaba a aceptar a Jesús. “Pensé que cómo era posible que me hablara de Dios en esos momentos. Yo no quería saber nada. Pero habló con su pastor que, a su vez, contactó con otro en la zona de mi cárcel, y este vino a verme junto a su mujer”, narra Moore a Alfa y Omega.

"Vi el Espíritu en ellos"

Aquel encuentro fue un atisbo de lo que vendría luego. El pastor le dijo que sabía lo que había hecho, que estaba sentenciado a muerte y con una fecha de ejecución en siete días, pero que había un juez justo, Jesús, “que murió por gente como tú y, sobre todo, por los que han matado a alguien”. Billy, que no era religioso, quedó tocado: “Vi el Espíritu en ellos. Habían venido a decirme que Dios me amaba, que podía entregarle mi vida, incluso si había cometido un asesinato” Se bautizó: “Por primera vez en mi vida encontré la paz. Era extraño porque estaba a unos días de ser ejecutado”.

A partir de este momento, comenzó a estudiar la Biblia –creó un grupo en la cárcel– y a formarse en Derecho. Leyendo uno de los informes judiciales encontró los nombres de la mujer e hijas del hombre al que había asesinado y sintió la necesidad de escribirles para pedirles perdón. “No sabía si estaban enfadados o disgustados, pero quería pedirles que me perdonaran y que sentía mucho el dolor que les había causado”, reconoce. Su sorpresa fue cuando llegó la carta de la esposa, diciendo que, como cristiana que era, le perdonaba. “Les dije que lo agradecía, pero que no entendía cómo eran capaces de hacerlo, porque yo no lo haría. La mujer volvió a contestarme diciéndome que lo que ocurría es que no comprendía realmente lo que era el perdón. Así empezó el intercambio de correspondencia”.

Sus víctimas lucharon para que no fuera ejecutado

Este perdón no se quedó en la letra de esas cartas, sino que fue más allá. La propia familia de la víctima, cuando estaban en marcha los últimos trámites para paralizar la ejecución, manifestó públicamente que no solo no querían que Billy muriera, sino que recuperara la libertad. “Dijeron que ya habían tenido suficiente con perder a un miembro de su familia y no querían que les pasara con otro. Ellos no solo me perdonaron, lucharon por mi vida. Cuando cambió mi situación ya no era reo de muerte, me pidieron que fuese la mejor persona posible y que ayudara a otra gente. Y esta es parte de la misión que Dios me ha encomendado y por eso recorro Estados Unidos y todo el mundo para contar mi historia”, explica.

Moore, que atiende a Alfa y Omega en la sede de la Comunidad de San Egidio, quien le ha invitado para participar en la campaña Ciudades por la Vida, recuerda su anterior visita a España, concretamente a Vitoria, porque coincidió con el fallecimiento de la mujer de su víctima: “Me llamó mi mujer, pues la habían llamado la hijas de la señora Stapleton para comunicarles que no sabían cuánto tiempo iba a durar, que se encontraba en coma inducido".

Billy pudo dirigirse a ella por última vez: "Quiero que sepas que para mí eres como la mujer que en el Evangelio ungió los pies de Jesús con perfume mientras los discípulos decían que se estaba malgastando. Eres parte de mi historia y siempre que hablo de ella tú y tu familia sois mencionadas. Serás conocida en todo el mundo, porque no hay historia sin lo que tú y tú familia hicistéis’. Al coger el teléfono, sus hijas me dijeron que no la habían visto tan bien en semanas. Poco después falleció”.
Invitado al entierro de la viuda de su víctima en primera fila

De nuevo en casa, Moore pensó en ir al funeral, pero tenía algunos reparos porque habría allí familia lejana que no le conocía y que, probablemente, no querría verle. Pero fue. Se sentó al final del templo, donde no podría ser reconocido. Solo quería estar presente. Pero las hijas de la señora Stapleton lo vieron y le invitaron a sentarse en los bancos delanteros, con la familia.

La conclusión, sostiene Billy, es que la pena de muerte, la violencia, “no es la solución”. “No ayudamos a los presos a rehabilitarse, lo que hacemos es matarlos, constatar que ese ser humano no vale. También se utiliza como arma electoral, para conseguir votos. Y para mover dinero, porque el Estado de Georgia se gastó 1,5 millones de dólares tratando de matarme. ¿Y si ese dinero se invirtiera en los barrios pobres, en las escuelas, en niños que necesitan ayuda…?”

El futuro está, en su opinión, en los jóvenes, en ayudarles a entender que esta lucha también es suya, “incluso si son demasiado jóvenes y no votan, incluso si en su país no existe la pena de muerte”. “Tienen que tomar parte, porque la violencia y la muerte tienen distintas representaciones. Como cuando discriminamos a los inmigrantes o la forma de relacionarnos con los que no nos caen bien. A construir una cultura que respete la vida se puede empezar ahora”, concluye.

Saturday, November 11, 2017

Cuatro sacerdotes que prefirieron el martirio antes que revelar el secreto de confesión

Después de que el Arzobispo de Melbourne en Australia, monseñor Denis Hart, afirmara que prefiere ir a la cárcel antes que romper el secreto de confesión, debido una posible injerencia del Estado, recordamos a 4 sacerdotes que defendieron al extremo el sigilo sacramental.

El 14 de agosto la Royal Commission, entidad creada en Australia para investigar los casos de abusos sexuales, propuso que los sacerdotes de la Iglesia Católica rompan el secreto de confesión cuando conozcan de algún caso de abuso sexual.

No obstante, el Código de Derecho Canónico que rige a la Iglesia Católica señala que “el sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo”. Aquí los 4 sacerdotes que defendieron hasta el extremo el secreto de confesión.

1. San Juan Nepomuceno


San Juan Nepomuceno fue un ejemplo de la protección al sigilo sacramental, siendo el primer mártir que prefirió morir antes que revelar el secreto de confesión.

Nació en Checoslovaquia entre los años 1340 y 1350, en Nepomuk. Cuando fue Vicario General del Arzobispado de Praga, el santo fue confesor de Sofía de Baviera, la esposa del rey Wenceslao. El rey, que tenía ataques de cólera y de celos, ordenó al sacerdote que le revelara los pecados de su mujer. La negativa del santo enfureció a Wenceslao, que amenazó con asesinarlo si no le contaba los secretos.

Otro conflicto entre Wenceslao y Juan Nepomuceno sucedió cuando el monarca quiso apoderarse de un convento para darle sus riquezas a un pariente y el santo se lo prohibió porque esos bienes pertenecían a la Iglesia. El rey se llenó de cólera y ordenó torturar al santo, cuyo cuerpo fue arrojado al río Mondalva. Después lo vecinos recogieron el cadáver y lo sepultaron religiosamente. Era el año 1393.

2. San Mateo Correa Magallanes


San Mateo Correa Magallanes fue otro mártir del secreto de la confesión. Fue fusilado en México durante la Guerra Cristera por negarse a revelar confesiones de prisioneros rebeldes.

Nació en Tepechitlán (Zacatecas) el 22 de julio de 1866 y lo ordenaron sacerdote en 1893. Se desempeñó como capellán en diversas haciendas y parroquias. En 1927 el sacerdote fue arrestado por las fuerzas del ejército mexicano al mando del general Eulogio Ortiz. Días más tarde, el general mandó al P. Correa a confesar a un grupo de personas que iban a ser fusiladas y después le exigió que le revelara las confesiones.

Ante su rotunda negativa ordenó su ejecución. Actualmente se veneran sus restos en la Catedral de Durango. Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por Juan Pablo II el 21 de mayo del 2000.

3. P. Felipe Císcar Puig


El P. Felipe Císcar Puig fue un sacerdote valenciano también considerado mártir del sigilo sacramental, debido a que fue martirizado durante la persecución religiosa de la Guerra Civil Española (1936) tras guardar el secreto de confesión.

La Arquidiócesis de Valencia indicó que, según la documentación recogida, el P. Císcar fue conducido a la prisión de Denia, en Valencia, donde un fraile franciscano llamado Andrés Ivars pidió confesarse a fines de agosto de 1936, pues intuía que iba a ser fusilado. “Tras la confesión, intentaron arrancarle su contenido y ante su negativa a revelarlo, los milicianos le amenazaron con matarle”, ante lo que el sacerdote respondió: “Haced lo que queráis pero yo no revelaré la confesión, primero morir que eso”, según consta en la declaración de los testigos.

“Al verle tan seguro, le llevaron a un simulacro de tribunal donde se le conminó para la revelación del sigilo”, y como aun así continuó firme en su postura, afirmando que prefería morir, los milicianos le condenaron a muerte. Subidos a un coche, Felipe Císcar y Andrés Ivars fueron llevados al término de Gata de Gorgos y allí fueron fusilados a los 71 y 51 años de edad, respectivamente, el 8 de septiembre de 1936”.

Tanto Felipe Císcar como Andrés Ivars forman parte de la causa de canonización de los “Siervos de Dios Ricardo Pelufo Esteve y 43 compañeros y compañeras mártires”, en la que figuran un total de 36 religiosos franciscanos.

4. P. Fernando Olmedo Reguera

Este sacerdote de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos fue asesinado el 12 de agosto de 1936 y beatificado en Tarragona el 13 de octubre de 2013. También se le conoce como defensor del sigilo sacramental.

Nació en Santiago de Compostela el 10 de enero de 1873 y fue ordenado sacerdote el 31 de julio de 1904. Fue Definidor y Secretario Provincial hasta 1936, en que por fuerza de la persecución religiosa tuvo que abandonar el convento.

Al ser detenido fue insultado, vejado, golpeado y le exigieron revelar el secreto de confesión. Según la tradición fue fusilado por una especie de tribunal popular en torno al Cuartel de la Montaña, una edificación militar de Madrid construida durante el siglo XIX.

Sus restos se encuentran en la cripta de la iglesia de Jesús de Medinaceli (Madrid).

El padre Ubald, con el don de sanación, cura cuerpos y almas: «El secreto de la paz es el perdón»


A su padre lo mataron cuando él tenía 7 años, y su madre murió durante el genocidio que devastó Ruanda en 1994. “Vi cómo hermanos en la fe mataban a otros hermanos en la fe en mi propia parroquia. Hasta mis parroquianos me querían matar a mí”. Desde entonces, Ubald Rugirangoga predica en su país la liberación del perdón, organizando retiros con víctimas, y también con los perpetradores de la masacre que se llevó 45.000 vidas en tres días.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo cuenta el Alfa y Omega la historia de este sacerdote que en 1991 recibió el don de intercesión por la sanación de los enfermos, con numerosas curaciones físicas y espirituales.

- Usted afirma haber recibido en 1991 el don de sanación. ¿Qué es exactamente?
- Empecé a rezar por los enfermos en 1987, a raíz de una epidemia de disentería que hubo en mi parroquia y que provocó muchos muertos. Yo tenía miedo de contagiarme y de enfermar cuando rezaba por ellos, pero pensé con mucha fuerza: “¡Tenemos que rezar!”, y al cabo de un mes de orar todos juntos en mi parroquia la enfermedad desapareció. ¿Fueron las medicinas? ¿Fue la oración? Yo solo sé que ahí nació dentro de mí el interés en rezar por los enfermos. Formé un grupo de nueve personas que empezamos a rezar cada jueves por los enfermos, con mucha fe y convicción.

En 1991 vino un nuevo don: en la acción de gracias después de una Eucaristía vi venir hacia mí la imagen de un pie izquierdo con heridas. Luego, una mano derecha, junto a una voz que me decía que alguien sufría del codo. Luego, la imagen de un trasero de alguien lleno de heridas. Y luego el vientre de una mujer embarazada, y la voz diciéndome que una mujer tenía miedo al embarazo. Por último, la voz me dijo que había alguien allí que pensaba que daba igual rezar o no rezar. Todas esas imágenes y voces vinieron a mí.

- ¿Qué significaba todo eso?
- Entonces pregunté si alguien allí sufría del pie izquierdo, y un hombre dijo: “Yo”, y le pedí: “Prueba a andar”, y entonces se levantó y dijo: “¡Ya no me duele!”. Después pregunté si alguien padecía de su codo derecho, y un hombre se levantó y dijo que se había curado de repente. Después pregunté si alguien tenía heridas en su trasero y una mujer se levantó del suelo, porque no podía sentarse, y al cabo de tres días las heridas habían desaparecido; ella no se lo creía. Luego pregunté si alguna mujer estaba embarazada y tenía algún problema; una mujer se levantó y dijo que ella había tenido dos hijos pero luego llevaba siete años sin tenerlos, porque había perdido dos hijos, y este no creía que iba a nacer vivo; yo le dije que sí iba a nacer vivo. Y así fue.

- ¿Y la persona a la que le daba igual rezar o no rezar?
- Pregunté por ella también, y se levantó una mujer. Su hijo de 5 años estaba enfermo, con una llaga en una pierna, y el médico le dijo que debía amputarla porque la herida llegaba ya al hueso. Ella quiso rezar y le pidió a su marido que la acompañara, pero él no quiso. Todo eso la deprimió y entonces ella perdió la esperanza en la curación de su hijo, pensaba que la oración no iba a solucionar nada. Pero ella vino a rezar ese día, y al cabo de tres días la herida de su hijo estaba completamente curada.

- ¿Cómo se lo tomó?
- Estaba sorprendido. Yo tengo la convicción de que todo esto viene de Jesús. Eran imágenes, voces, que de repente llegaban a mí cuando rezaba, y la gente se curaba. Todo era nuevo para mí. Decidí consultar con mi obispo, y me recordó que el libro de los Hechos cuenta que también Pedro veía imágenes que le ayudaban en su ministerio. Así que me dio la autorización para llevar a cabo este don.

- ¿Desde entonces ha sido testigo de curaciones físicas?
- Sí, muchas, incluso aquí en Madrid. En el retiro en el que acabo de participar me impresionó una doctora que padecía de un problema en su cabeza y dijo que se le había curado. En otra ocasión, en Estados Unidos, estaba yo rezando en adoración ante el Santísimo, y me vino la imagen de una chica en una silla de ruedas. Por la tarde estaba en un retiro, ¡y vi a la chica que había visto por la mañana! Recé por ella y me fui, y después invité a quien padeciera de alguna parálisis a que se levantara. Ella no se lo creyó en ese momento, pero luego, cuando ya estaba en la sacristía escuché voces fuera: la chica se había levantado de su silla de ruedas.

- Padre Ubald, también hay heridas interiores, en el espíritu…
- Toda curación física está encaminada a una curación espiritual. Cuando ves a alguien que ha recibido una curación, eso aumenta tu fe. Esas curaciones te hacen creer más. Y también hay sanaciones que pasan por el perdón, porque el odio es una herida muy grande. Pero, al perdonar, las personas se curan y recuperan la paz. Mi misión principal es llevar a la gente a Jesús, llevar a la gente a la fe, a creer en Él, a creer que después de esta vida hay otra. Él es la Verdad, Él está vivo, lo que dice es la verdad.

- ¿Por qué no hay entonces más curaciones, para que haya más gente que pueda creer?
- Es por nosotros. Si nosotros no rezamos por las curaciones, no habrá curaciones.

- Usted experimentó en su propia vida el genocidio que hubo en Ruanda. ¿Es posible sanar también esas heridas?
- Sí es posible. Yo mismo no tengo ningún odio. El hombre que mató a mi madre durante el genocidio de 1994 es ahora mi amigo; él vino un día a pedirme perdón, y yo lloré, le abracé y le dije: “En el nombre de Jesús, te perdono”. Me he hecho cargo de sus dos hijos y les he pagado los estudios. Uno de sus hijos no podía perdonar a su padre por lo que había hecho. Había matado a muchas personas, y ahora… Yo le dije: “Ven, y recemos juntos”, y le pedí que perdonase de corazón. Él lloraba cuando decía: “Perdono a mi padre…”.

- Esto debe ser difícil de entender para muchos en su país…
- Predicar el perdón me ha traído problemas, Dios mío. A veces la gente no lo entiende. Pero para mí el odio es el mal, y lo vencemos con el perdón y siendo misericordiosos. Solo así se puede parar la violencia.

Otro ejemplo: un hombre mató a otro, y el hijo de la víctima se casó con la hija del verdugo. Esa chica, cuando me escuchó predicar el perdón y dar mi testimonio, quiso hacer algo. Ella sabía que su padre había matado a un hombre y había dejado viuda a su mujer, y entonces fue a verla y acabó viviendo con ella, ayudándola en todo. El hijo de aquella viuda, que pudo escapar del genocidio, llegó un día a casa de su madre y se encontró con la hija del asesino de su padre. “¿Qué hace esa chica aquí? Su padre ha matado a papá”, dijo enfadado. Pero la madre defendió a la chica: “Es una buena chica, es amable, me cuida mucho”. Con el tiempo, él se dio cuenta de la bondad de la chica y cómo cuidaba de su madre, y acabó casándose con ella. Yo bendije su matrimonio y hoy tienen tres maravillosos hijos.

- ¿Y qué pasó con el padre de ella?
- Cuando salió de la cárcel, su hija preparó la reconciliación entre ambas familias. Recibió el perdón de la mujer y de su hijo, y él mismo decía: “Soy feliz. Yo quité la vida, y ahora mi hija me la está dando. Yo di muerte y ella da vida”. Ahora es un abuelo orgulloso de sus nietos.

- Dirige en Ruanda el centro El secreto de la paz. ¿Cuál es ese secreto?
- ¡El secreto de la paz es el perdón! Este es un centro en el que rezamos por la sanación de las personas. En mi país hay muchas heridos y lo primero que hacemos es escucharlos. Hacemos una escucha cristiana, porque muchos vienen con mucha ansiedad. La gente necesita alguien que los escuche, porque si no se vuelven locos. Pero si tienes alguien que te escucha, entonces compartes el dolor de tu corazón, curas tus heridas. Fundé una congregación llamada Misioneros de la Paz, con ramas masculina y femenina, y también con laicos, como un gran familia, y el carisma que tienen es el de la escucha: acoger y escuchar a las personas, y confortarlas.

- ¿Qué ocurre cuando uno quiere perdonar pero no puede?- Si no perdonas al alguien, entonces estarás llevando a esa persona encima, como un gran peso, toda tu vida. No perdonar es una forma de morir. Tienes que perdonar, para ser libre, para dormir bien, para no llevar ese peso siempre… Y si no puedes, al menos reza por ello, pídele a Jesús ese don, porque sin Jesús perdonar es imposible. Él lo hace.

Monday, July 17, 2017

"El perdón auténtico es imposible alcanzarlo con nuestras fuerzas... es un don que te lo da Dios", por Sor Leticia, Dominica de Lerma


Sor Leticia ha escrito un libro que se titula “Si no puedes perdonar esto es para ti” (LibrosLibres) que ya va en apenas tres meses por su tercera edición con más de 8.000 ejemplares vendidos.

- ¿Por qué escribiste este libro?
-Todo surgió a raíz de una experiencia personal: yo no era capaz de perdonar.

- ¿Una monja de clausura que no puede perdonar?
- Sí, exacto. En ese momento llevaba 16 años en el monasterio, lo había intentado todo, me había esforzado al máximo... pero había una espina que no lograba arrancar de mi corazón. Llegué a pensar que debía resignarme a llevar ese peso toda mi vida pero, en ese momento... ¡se me dio!

- ¿El qué?- ¡¡El don del perdón!! Fue cuestión de un instante. Sentí como si un rayo me atravesase, curando todas las heridas. Desde ese momento, descubrí la verdad: el perdón auténtico es un don.

- ¿A qué te refieres?- A que es imposible alcanzarlo por las propias fuerzas. Mira, yo lo explico así: Tú puedes poner todo tu empeño en perdonar a una persona. Haces todo lo posible... pero, como mucho, sólo lograrás perdonar un 70%. El otro 30%, lo profundo del corazón, es incontrolable. Es lo que reflejamos en frases como "Yo he perdonado, pero, cuando le veo se me revuelve el estómago, no puedo evitarlo".

- Entonces... ¿cómo se puede perdonar de verdad?- Ésa es la cuestión. Tú no puedes. Y, precisamente por eso, porque tú no puedes, hay Alguien que lo ha conseguido para ti. Tu impotencia está pidiendo un Salvador... y Cristo ha dado hasta la última gota de su sangre por ti. Ésa es la clave: Él quiere perdonar en ti. El perdón de corazón... es Su regalo.

- Bueno, sí, pero imagino que eso es para personas consagradas... en fin, para alguien que tenga un cierto "nivel" de vida espiritual...- ¡No, para nada! Cristo no es para unos pocos elegidos; Cristo es para los cristianos, ¡Cristo es para ti! Ése es precisamente el título del libro: Si no puedes perdonar, esto es para ti, porque Cristo te ama a ti, con tu historia, con tus circunstancias, y quiere obrar milagros en tu vida. ¡Sí, sí, en la tuya! Yo no soy muy amiga de las teorías. Jesucristo actúa en la vida real, así que eso es lo que hemos contado: siete testimonios reales de personas que han recibido el don del perdón. Por eso digo que el auténtico autor de este libro es Él, Cristo es el centro de este proyecto, de este equipo de 21 personas.

- ¿Pero no decías que eran 7 testimonios?
- Bueno, en las cosas del Señor, uno sabe dónde empieza... ¡pero no imaginas dónde acabarás!
Cuando sentimos que el Señor nos pedía comenzar este libro, me parecía una locura, pero, desde que nos embarcamos y le dijimos sí a esta nueva aventura que Él nos proponía, ¡Cristo se ha derrochado en mil bendiciones! Nuestro obispo, don Fidel, con un cariño paternal, nos ha acompañado en este proyecto y ha sido él quien ha escrito el prólogo. Por otro lado, nosotras, al ser monjas de clausura, no podíamos salir a buscar testimonios... ha sido el Señor el que los ha ido trayendo al locutorio sin nosotras buscarlos. Y nuestro sacerdote iba acompañando cada uno de nuestros pasos... Como ves, bendición tras bendición, ¡hasta nos ha regalado un CD de música!

-¿ El libro lleva un cedé?
- Sí, con siete canciones. Nosotras hemos escrito las letras y unos amigos, reteros de Toledo, han puesto la música y se han encargado de grabarlo. Es más, cuando ya estábamos a mitad del proyecto, nos regaló conocer a Jorge, un retero de Bilbao, que, unos meses antes, le había pedido al Señor poder hacer un trabajo para Él. Jorge es publicista y se ha encargado de hacer el diseño de la portada, del CD... ¡y hasta de los carteles de las presentaciones!

- ¿Presentaciones? ¿Dónde, cuándo? - Sinceramente, cuando entregué el libro al editor, para que empezaran a imprimirlo, pensé que esta aventura ya había terminado, ¡pero es evidente que no!
Muchos amigos, que nos han acompañado con su oración desde el principio, nos empezaron a pedir que organizásemos presentaciones en sus ciudades. Por ahora habrá dos presentaciones en Madrid, una en Valencia, otra en Burgos, otra en Toledo...

- ¿Y allí firmaréis los libros?- Bueno, digamos que son unas presentaciones un poco especiales. En primer lugar, nosotras somos monjas de clausura por lo que no iremos a las presentaciones; si no que, desde nuestro monasterio, oraremos por quienes participen en ellas. Y, si decimos que el verdadero autor es Cristo, la mejor presentación de este libro sólo podía ser... ¡una adoración! Ése es realmente nuestro objetivo: llevar a la gente a Cristo. Él es quien da el don del perdón, es a Él a quien queremos que miren... porque Cristo nunca defrauda. Él es quien da el perdón total. Nuestra misión es llevar a la gente a ponerse delante de Jesucristo. Lo demás lo hace Él.

Monday, May 29, 2017

Los secretos inconfesables... y la confesión. "¿Éramos más felices cuando había colas ante los confesionarios o ahora?" por Isabel Gómez Acebo

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define secreto, en su primera acepción, como "cosa que cuidadosamente se tiene reservada" y me ha resultado interesante un estudio, que hacen profesores de la universidad de Columbia, sobre los secretos que tienen las personas y la manera por la que afectan a su psique. El artículo en el que publican sus ensayos aparece en la revista Journal of Personality and Social Psychology y está firmado por los profesores Slepian, Chun y Mason.

En este trabajo demuestran que las personas guardan secretos en todos los aspectos de la vida, incluso cuando no están acompañadas pues afirman que "el secretismo es algo que puede darse a solas en un cuarto" ya que al generar frecuentes imágenes pueden dañar al bienestar pues nuestros pensamientos, se estima, abarcan un tercio de nuestra vida alerta. De aquí, que los estudios sobre la depresión sugieren que el pensamiento negativo y repetitivo produce estados depresivos mientras que la imaginación, si es positiva, genera sentimientos de bienestar. Pero además los secretos que guardamos nos hacen considerarnos no auténticos al no estar revelando situaciones o cosas sobre nuestras vidas que cambiarían el concepto que los demás tienen sobre nosotros.

Para realizar el estudio buscaron a participantes por Internet y, vis a vis, mediante encuentros que se realizaban en el Central Park de Nueva York. Dividieron los secretos en 38 categorías, las que consideraron más comunes: drogadicción, robo, aborto, mentiras, pensamientos de infidelidad, infidelidad sexual, haber hecho daño, deslealtad... Y les preguntaron a los voluntarios participantes si mantenían algún secreto, si les dedicaban frecuentes pensamientos y si consideraban que habían afectado a su bienestar.

Una amplia mayoría confesó que tenía alguno de los secretos (13 fue la cifra) mencionados en las categorías y sólo un 2% negó tener alguno. Los que se veían afectados consideraban que les pesaban en sus conciencias ya que estaban proyectando una imagen no auténtica de sus personas.

Me preguntarán, y con razón, los motivos que me llevan a ofrecer los resultados de este artículo, tan profesional, a los lectores pero creo que existe una conexión con la confesión católica. Con frecuencia revelar un secreto descarga la conciencia pero no siempre tenemos a mano a la persona en la que confiar, no estamos seguros de que mantendrá su boca sellada y no nos delatará. Los judíos descargaban sus culpas sobre un carnero, el chivo expiatorio, que el Sumo Sacerdote despeñaba por un precipicio.

Los católicos hemos colocado mucho peso sobre nuestras culpas, creo que demasiado pues la historia de la cristiandad ha producido algunas conciencias torturadas, pero teníamos a mano los confesionarios para descargarnos, una labor que en un mundo secular llevan a cabo los psicólogos que nos cobran por unos servicios que los sacerdotes suministran gratis et amorem ¿Éramos más felices cuando había colas ante los confesionarios o ahora? Cada uno dará su respuesta.

Sunday, February 19, 2017

Dios perdona CON CONDICIONES, por el P. Jorge González Guadalix

Hace no mucho hablaba un servidor con los niños sobre el pecado, la reconciliación y las condiciones para el perdón. Les ponía un ejemplo claro que puede suceder perfectamente en casa. Los niños que se ponen a jugar con el balón dentro de casa. Que no, que eso no, y los críos que siguen… hasta que, como era de esperar, el balón toma vida propia y decide hacer añicos un cristal de la vitrina y parte de su contenido.

¿Qué pasa a partir de ahora? Uf, respondieron los críos. Que te la has cargado… ¿Papá y mamá perdonan? Sí, pero te la has cargado…

Imaginaos, les digo, que tras romper el cristal decís a papá y mamá que os da igual y que pensáis seguir jugando al balón en casa. ¿Así os van a perdonar? Entonces sí que te la cargas…

Los niños lo tienen claro: has hecho una cosa mal, toca castigo y si quieres perdón, arrepentimiento y propósito de la enmienda. Los normal. LO NORMAL.

Pues aquí tenemos cada día más pseudo teólogos, algunos de alto nivel, empeñados en que Dios perdona siempre sin condiciones. Bárbara barbaridad.

De siempre, para hacer una buena confesión y acceder de forma adecuada al sacramento de la reconciliación, se nos han enseñado cinco cosas necesarias.

Empezaba el asunto por el examen de conciencia, es decir, por reconocer que hay cosas que se hacen contrariamente al designio de Dios. Seguía aquello del dolor de los pecados, ese sentimiento por haber hecho las cosas mal, tras el cual venía el propósito de la enmienda, porque no tiene sentido pedir perdón si vas a seguir jugando al fútbol en el salón de casa. Ya saben cómo seguía la cosa: decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia (el castigo, que dicen los niños).

No me digan por qué hay gente empeñada en lograr la cuadratura del círculo. Vamos, que uno puede hacer lo que quiera porque Dios perdona sin condiciones, por tanto, ni arrepentimiento, ni propósito de la enmienda ni nada. Eres adúltero, pero Dios te ama y te acepta así y te perdona porque es bueno, aunque sigas con tu triste vida de pecado. Eres defraudador, pero Dios te perdona sin que tengas que arrepentirte y sobre todo sin que sea necesario devolver lo defraudado, amén de seguir con las mismas trapisondas. Este otro es mentiroso, calumniador y difama más que habla. Pero como Dios perdona siempre…

Presentar el perdón de Dios sin conversión, porque conversión es arrepentimiento, penitencia y cambio de vida, es fraude al pueblo cristiano se pongan como se pongan, porque so capa de misericordia y comprensión eso lo único que hace es dar razones para perpetuarse en el pecado, justificar el alejamiento de Dios y ocultar el camino de la conversión y de la gracia.

Servidor, tiene por costumbre, sobre todo confesando niños, explicar que el perdón de Dios solo es posible si se dan dos condiciones: el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, que para ello ahí tenemos nuestro esfuerzo y la ayuda de la gracia. Pues se lo aviso, a niños y a grandes: uno es partidario del plan antiguo y de las cinco condiciones para una buena confesión.

Lo de Dios perdona sin condiciones suena bien, pero es una frase que tiene más peligro que un mono con dos pistolas, porque es la frase justa para eliminar la necesidad de conversión y justificar y comprender el vivir en el pecado.

Jamás dijo Cristo eso. Lo que dijo es convertíos… Pues nada. Es inútil. Y todo por congraciarse con el mundo.  

Thursday, November 24, 2016

El Papa Francisco concede a todos los sacerdotes la facultad de absolver del pecado del aborto de forma permanente

Aunque el Papa cerró el domingo la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, no quiere que el Jubileo de la Misericordia (2016) se convierta en un recuerdo del pasado o en mera «teoría de la misericordia». A lo largo de estos meses, Francisco ha puesto en marcha normas muy importantes que detalla en su carta a los católicos «La Miserable y la Misericordia».

Por ejemplo, autoriza a todos los sacerdotes a absolver del pecado de aborto a quienes se confiesen de haberlo procurado, desde el personal médico hasta los padres del bebé. Hasta ahora sólo podía hacerlo el obispo, precisamente para subrayar la gravedad de ese pecado.

«Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente», explica el Papa. «Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre», añade.

La idea de Francisco es que quien se acerca a una iglesia para reconciliarse con Dios, no se encuentre con ningún tipo de trabas en el confesionario.

Misioneros de la misericordia

Por eso también ha prorrogado indefinidamente el trabajo de los mil «misioneros de la misericordia» que pueden perdonar los cinco pecados reservados a la Sede Apostólica. Se trata de:

• la violación del secreto de confesión
• la ordenación de obispos sin la aprobación del Papa
• la complicidad de sacerdotes que propongan relaciones sexuales a otra persona y luego la confiesen de ese pecado
• la profanación de la Eucaristía
• la violencia contra el Papa

La petición central del Papa a los sacerdotes y a los laicos es que ayuden a «que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios que, sin descanso, camina hacia la plenitud del reino de Dios, reino de justicia, de amor, de perdón y de misericordia».

Cultura de la misericordia

La otra cara de la misericordia que propone el nuevo documento es la lucha contra la indiferencia ante el sufrimiento de las personas. El Papa recuerda cómo las personas cambian y son más felices cuando ayudan a otras, y evoca los «gestos concretos de bondad y ternura» que ha visto en decenas de voluntarios y voluntarias en sus visitas de este año.

«Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos», explica el Papa en su nueva carta.

Francisco pide a todos los católicos «imaginación e inteligencia» para «restituir la dignidad a las personas y que tengan una vida más humana». Se trata de quienes experimentan el drama de «no tener trabajo y no recibir un salario justo; no tener una casa o una tierra donde habitar; ser discriminados por la fe, la raza, la condición social», concreta. También habla de quienes padecen hambre, se ven obligados a emigrar, cumplen condena en situaciones inhumanas o no tienen acceso a la educación.

Jornada mundial de los pobres

La última medida es la institución de una Jornada mundial de los pobres, que celebrará la Iglesia cada año en noviembre, el domingo antes de la fiesta de Cristo Rey. «Ayudará a reflexionar sobre cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y que mientras haya un pobre en la puerta de nuestra casa no podrá haber justicia ni paz social».

«En una cultura frecuentemente dominada por la técnica, se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas», escribe. «El futuro parece estar en manos de la incertidumbre que impide tener estabilidad. De ahí surgen a menudo sentimientos de melancolía, tristeza y aburrimiento que lentamente pueden conducir a la desesperación. Se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales. El vacío profundo de muchos puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella», añade.

Francisco firmó la carta tras cerrar la Puerta Santa y la entregó personalmente al cardenal Luis Antonio Tagle, a una familia, a una pareja de novios y a dos enfermos.

El texto retoma y desarrolla de un modo muy original y optimista la línea de los tres grandes documentos del pontificado de Francisco, «La alegría del Evangelio», «La Alegría del Amor» y la «Laudato si'». Quienes imaginaban que el Jubileo era un paréntesis casual en el pontificado de Francisco, se equivocaban.

La Carta «Misericordia et Misera» explicada en 8 elementos clave

1. La misericordia es concreta y cambia vidas:

”La misericordia es esta acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida”, afirma el texto.

Francisco usa la frase de San Agustín que describe el encuentro entre Jesús y la pecadora que iba a ser lapidada con la frase “la misericordia y la mísera”.

“No se encuentran el pecado y el juicio en abstracto, sino una pecadora y el Salvador”, explica el Papa. “No aparece la ley y la justicia legal, sino el amor de Dios que sabe leer el corazón de cada persona, para comprender su deseo más recóndito, y que debe tener el primado sobre todo”.

2. La confesión es poderosa: no se deben poner límites a la misericordia de Dios:

“No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina”, escribe el Papa.

“Hay un valor propedéutico en la ley cuyo fin es la caridad. El cristiano está llamado a vivir la novedad del Evangelio, «la ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús». Incluso en los casos más complejos, en los que se siente la tentación de hacer prevalecer una justicia que deriva sólo de las normas, se debe creer en la fuerza que brota de la gracia divina. Nosotros, confesores, somos testigos de tantas conversiones que suceden delante de nuestros ojos. No arruinemos esas ocasiones con comportamientos que contradigan la experiencia de la misericordia que se busca. Ayudemos, más bien, a iluminar el ámbito de la conciencia personal con el amor infinito de Dios”.

3. Hay que preparar las homilías, y potenciar la Biblia con un Domingo de la Palabra

Francisco afirma: “Qué importante es la homilía, en la que «la verdad va de la mano de la belleza y del bien», para que el corazón de los creyentes vibre ante la grandeza de la misericordia. Recomiendo mucho la preparación de la homilía y el cuidado de la predicación. Ella será tanto más fructuosa, cuanto más haya experimentado el sacerdote en sí mismo la bondad misericordiosa del Señor”.

Sobre la Palabra de Dios pide un domingo al año en que se celebre de manera especial. “Sería oportuno que cada comunidad, en un domingo del Año litúrgico, renovase su compromiso en favor de la difusión, conocimiento y profundización de la Sagrada Escritura: un domingo dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo. Habría que enriquecer ese momento con iniciativas creativas, que animen a los creyentes a ser instrumentos vivos de la transmisión de la Palabra. Ciertamente, entre esas iniciativas tendrá que estar la difusión más amplia de la lectio divina, para que, a través de la lectura orante del texto sagrado, la vida espiritual se fortalezca y crezca”.

4. Los confesores han de prepararse: ser acogedores, luminosos, generosos…

 “A los sacerdotes renuevo la invitación a prepararse con mucho esmero para el ministerio de la Confesión, que es una verdadera misión sacerdotal. Os agradezco de corazón vuestro servicio y os pido que seáis acogedores con todos; testigos de la ternura paterna, a pesar de la gravedad del pecado; solícitos en ayudar a reflexionar sobre el mal cometido; claros a la hora de presentar los principios morales; disponibles para acompañar a los fieles en el camino penitencial, siguiendo el paso de cada uno con paciencia; prudentes en el discernimiento de cada caso concreto; generosos en el momento de dispensar el perdón de Dios. Así como Jesús ante la mujer adúltera optó por permanecer en silencio para salvarla de su condena a muerte, del mismo modo el sacerdote en el confesionario tenga también un corazón magnánimo…”

5. Los misioneros de la Misericordia seguirán su labor

Francisco alaba a los sacerdotes que designó al inicio del Jubileo como “misioneros de la Misericordia” y les ordena seguir, aunque la forma concreta la gestionará el Pontificio Consejo de la Nueva Evangelización.

“Doy las gracias a cada Misionero de la Misericordia por este inestimable servicio de hacer fructificar la gracia del perdón. Este ministerio extraordinario, sin embargo, no cesará con la clausura de la Puerta Santa. Deseo que se prolongue todavía, hasta nueva disposición, como signo concreto de que la gracia del Jubileo siga siendo viva y eficaz, a lo largo y ancho del mundo. Será tarea del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización acompañar durante este periodo a los Misioneros de la Misericordia, como expresión directa de mi solicitud y cercanía, y encontrar las formas más coherentes para el ejercicio de este precioso ministerio”.

6. Cualquier sacerdote podrá seguir absolviendo el "grave" pecado de aborto

 “De ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario”, escribe el Papa.

Añade, eso sí: “Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre”.

7. El clero lefebvriano seguirá confesando lícitamente

Francisco mantiene este gesto de cercanía con la sociedad tradicionalista desobediente a Roma. Lo explica así: “En el Año del Jubileo había concedido a los fieles, que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, la posibilidad de recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de sus pecados. Por el bien pastoral de estos fieles, y confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes, para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios, la plena comunión con la Iglesia Católica, establezco por decisión personal que esta facultad se extienda más allá del período jubilar, hasta nueva disposición, de modo que a nadie le falte el signo sacramental de la reconciliación a través del perdón de la Iglesia”.

8. Cada domingo anterior a Cristo Rey se celebrará la Jornada de los Pobres

“A la luz del «Jubileo de las personas socialmente excluidas», mientras en todas las catedrales y santuarios del mundo se cerraban las Puertas de la Misericordia, intuí que, como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Jornada mundial de los pobres. Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46). Será una Jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16,19-21), no podrá haber justicia ni paz social. Esta Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11,5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia”.

Fuente: religionenlibertad.com

TEXTO COMPLETO DE "MISERICORDIA ET MISERA"

Friday, October 14, 2016

¿Qué dice la Didaché sobre el perdón de los pecados?, por José Miguel Arráiz

Didaché es una palabra griega que significa “enseñanza”. El título completo de la obra es “La instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce apóstoles”, o de forma más resumida “Instrucciones de los apóstoles”.

Está considerado como uno de los documentos más importantes de la Iglesia primitiva. Pertenece al grupo de escritos de los Padres Apostólicos[1]. Aunque la fecha de su composición no se conoce con exactitud algunos autores opinan que fue escrito entre los años 50 al 70, otros lo situan entre comienzos y mediados del siglo II.

Sobre la confesión de los pecados

En contraposición con la práctica común dentro del protestantismo donde la persona se confiesa directo con Dios, en la Didaché encontramos un temprano testimonio de la disciplina penitencial de la Iglesia primitiva que inicialmente implicaba una confesión pública de los pecados ante los presbíteros y la comunidad tal como se menciona en la Sagrada Escritura (Hechos 19,18; Santiago 5,16) y cuya forma de desarrolló paulatinamente hasta la confesión auricular que conocemos hoy en día[1].

“Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.” (Didaché 14,1)

NOTAS:

[1] Si bien la confesión auricular pudo desarrollarse en su forma exterior a través del tiempo, su esencia, que radica en el hecho reconocido de la reconciliación del pecador por medio de la autoridad de la Iglesia se desprende del poder que Cristo otorgó a sus apóstoles, cuando les dijo que “a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20,23).

Friday, September 23, 2016

De la paranoia a la metanoia, por el P. Ron Rolheiser

Recientemente acudí a un encuentro y durante la mayor parte del mismo sentí afecto, amistad hacia mis colegas, y positividad hacia todo lo que estaba aconteciendo. Estaba de buen talante y buscando la manera de colaborar en todo. Entonces, cuando faltaba poco para acabar el encuentro, uno de mis colegas hizo un comentario que me pareció ácido e injusto.

Inmediatamente una serie de puertas comenzaron a cerrarse dentro de mí. Mi afecto y empatía rápidamente se convirtieron en dureza y enfado y luché para no obsesionarme con el incidente. Pero los sentimientos no pasaron rápidamente. Durante algunos días la frialdad y la paranoia persistieron dentro de mí y evité cualquier clase de contacto con la persona que hizo los comentarios negativos mientras yo cocinaba mi negatividad.

El tiempo y la oración eventualmente propiciaron la sanación, y retornó una perspectiva más saludable. Las puertas que se habían cerrado de golpe en aquel encuentro se abrieron de nuevo y la metanoia sustituyó a la paranoia.

Es significativo que la primera palabra pronunciada por la boca Jesús en los Evangelios Sinópticos sea la palabra “metanoia”. Jesús comienza su ministerio con estas palabras: “Arrepiéntete [metanoia] y cree en el Evangelio” y eso, en esencia, es el resumen de todo su mensaje. Pero ¿cómo se arrepiente uno?

— Significado de Metanoia

Nuestras traducciones de los Evangelios no hacen justicia a lo que Jesus dice aquí. Traducen “metanoia” con la palabra “arrepentimiento”. Pero, para nosotros, la palabra arrepentimiento tiene diferentes connotaciones desde la intención de Jesús.  En Inglés, "arrepentirse" (repentance) implica que hemos hecho algo mal y debemos repudiarnos a nosotros mismos por tal acción y comenzar a vivir de una manera nueva. La palabra bíblica “metanoia” tiene una connotación más amplia.

La palabra "metanoia" viene de las dos palabras griegas: "Meta", que significa "más allá"; y "Nous", que significa "mentalidad".

La metanoia nos invita a ir más allá de nuestros instintos normales hacia a una mentalidad más amplia, hacia una mentalidad que se levanta por encima de la tendencia natural al propio interés, a la autoprotección lo cual con frecuencia se mezcla con sentimientos de amargura y negatividad, y de falta de empatía en nuestro interior.

La metanoia nos invita a enfrentar todas las situaciones, sean lo injustas que parezcan, con comprensión y un corazón empático. Más aún, la metanoia se sitúa en contraste con la paranoia. En esencia, la metanoia es la no-paranoia, de manera que las primeras palabras de Jesus en los Evangelios Sinópticos debieran ser entendidas mejor así: “No seas paranoico y cree en el Evangelio”. ¡Vive desde la confianza!”.

— Entre la paranoia y la metanoia

Henri Nouwen, en un pequeño, pero profundamente significativo libro titulado “Con manos abiertas” describe la diferencia entre metanoia y paranoia. Sugiere que hay dos posturas fundamentales con las cuales podemos ir a lo largo de la vida. Podemos, dice, ir por la vida in la postura de la paranoia. La postura de la paranoia se simboliza con un puño cerrado, con una postura de protección, con la sospecha y desconfianza como actitudes habituales. La paranoia nos hace sentir siempre que necesitamos protegernos a nosotros mismos de la injusticia, que otros nos herirán si mostramos cualquier vulnerabilidad, y que necesitamos afirmar nuestra fuerza y talento para impresionar a los otros. La paranoia rápidamente convierte lo afectivo en frialdad, la comprensión en sospecha y la generosidad en autoprotección.

Por otro lado, la postura de la metanoia, se ve claramente en Jesús crucificado. Ahí, en la cruz, aparece expuesto y vulnerable, sus brazos extendidos en un gesto de abrazar, y sus manos abiertas y atravesadas por los clavos. Esta es la antítesis de la paranoia, donde nuestras puertas interiores del afecto, la empatía, y la confianza espontanea se cierran de golpe cuando percibimos una amenaza. La metanoia, la meta comprensión, el corazón grande, nunca cierra esas puertas.

— Dos entendimientos y corazones

Para algunos de los primeros padres de la Iglesia todos nosotros tenemos dos entendimientos y dos corazones. Para ellos, cada uno de nosotros tiene una mente amplia y un gran corazón. Ese es el santo que vive dentro de nosotros, la imagen y la semejanza de Dios dentro de nosotros, nuestra parte afectiva, fértil, y empática. Todos abrigamos una verdadera grandeza dentro de nosotros.

Pero cada uno también tiene en su interior una mentalidad estrecha y un corazón mezquino. Así es la complejidad de nuestro interior. Somos a la vez grandes corazones y mezquinos, mentes abiertas y fanáticas, confiados y suspicaces, santos y narcisistas, generosos y acaparadores, calientes y fríos.

Todo depende de a qué corazón y a qué mente estamos conectados y cómo operan en cada momento determinado. En un momento somos capaces de morir por los otros y un minuto más tarde desearíamos verlos muertos, en un momento queremos darnos a nosotros mismos totalmente por amor, un minuto más tarde decidimos usar nuestros talentos para mostrar nuestra superioridad sobre los demás. La metanoia y la paranoia se disputan nuestro corazón.

Jesus en su mensaje y su persona, nos invita a la metanoia, a movernos hacia ella y permanecer dentro de una mente abierta y un corazón grande, de modo que ante un comentario punzante nuestras puertas del afecto y la confianza no se cierren.

Wednesday, May 18, 2016

¿Cómo confesar? Acercando a Dios


El padre capuchino Luis Dli sigue confesando mañanas y tardes a sus 89 años, sin parar... ha inspirado al Papa Francisco

El Papa Francisco, un entusiasta del sacramento de la Reconciliación, del que predica con frecuencia y que propone a menudo también dejándose fotografiar en confesionarios, ha hablado varias veces de un confesor que a él le parece ejemplar. Se trata del padre Luis Dli, que hoy tiene 89 años y pasa sus días confesando en un santuario de un barrio popular en Buenos Aires.

Francisco suele citar una oración que hace este sacerdote ante el Sagrario: «Jesús, perdóname porque he perdonado demasiado. ¡Pero fuiste tú quien me dio el mal ejemplo!»

El periodista Andrea Tornielli, de La Stampa, encontró en Buenos Aires, junto al confesionario, al padre Luis Dli, y pudo hablar con él un buen rato. Hay que tener en cuenta que Francisco no lo mencionaba por su nombre, pero quedó claro que se trataba de este capuchino enseguida.

Lo que le dice a Jesús

"Soy un poco, no digo escrupuloso, pero un poco timorato, diríamos, en las confesiones, en el perdón y todo eso. Entonces cuando él [Bergoglio] era cardenal acá en Buenos Aires yo tenía mucha confianza, iba hablar con él y alguna vez le he dicho todo esto; y él me decía: Perdona, perdona, hay que perdonar. Y entonces, bueno, sí, yo perdono, pero después me queda cierta intranquilidad, y después voy a Jesús y le digo que Él me enseñó, el mal ejemplo me lo dio Él, porque Él perdonó todo, jamás rechazó absolutamente a nadie. Entonces se ve que a él le impresionaron estas cosas, o le quedaron grabadas, y por eso lo comenta", explica el capuchino.

"Él sabe que yo confieso mucho, atiendo muchas horas, de mañana y de tarde. Incluso más de una vez él recomendó a algunos sacerdotes para algún problemita que vinieran a charlar conmigo. Yo los atiendo y ahora con algunos sacerdotes somos grandes amigos porque vienen habitualmente, están siempre charlando y están muy bien espiritual, pastoralmente muy bien. Así es que yo tengo que agradecerle mucho al Papa esa confianza que ha depositado en mí, agradecerle muchísimo, porque no es merecida", añade.

El Papa pone como ejemplo al padre Dli, que no tiene especiales estudios, destaca, pero sí sabe mucho de la vida

"Yo no soy un tipo, un sacerdote, un fraile preparado, de estudios, de ningún doctorado, no tengo nada. Pero la vida me ha enseñado mucho, la vida me ha golpeado, la vida me ha enseñado y como nací desde muy abajo, muy pobre, entonces me parece que siempre tengo que tener una palabra de misericordia, de ayuda, de cercanía, a todo el que llega, a todo el que viene acá. Que nadie se vaya (sintiendo) como que no me entendió o (pensando) que me despreció o que me rechazó".

Luis Dli confiesa en su santuario de Buenos Aires de 9 a 12 de la mañana y de 15 a 19, todos los días. "El domingo de 7.30 a 12.30; de tarde también los domingos estoy en lo mismo desde las 15, celebro la misa y luego sigo atendiendo mientras las velas ardan".

Cómo confesar: acercando a Dios

A sus 89 años, y con miles de confesiones oídas, tiene algunos consejos para los sacerdotes jóvenes. "Misericordiosos, comprensión, poner… iba a decir cuatro oídos, pero no, ¡toda la vida! A escuchar, a comprender, a poder ponerse en el pellejo del otro, en el cuero del otro para entender qué está sucediendo. Que no seamos, empezando por mí, funcionarios, que cumplimos algo, ya está: le di la absolución, sí, no y se terminó. Todo lo contrario. Yo creo que hay que tener una cierta cercanía, una amabilidad especial, porque a veces hay gente que llega de años que no sabe muy bien lo que es la confesión. No te asustes, no te preocupes. La confesión lo único que necesita es querer ser mejor, nada más; que no pienses cuántas veces, con quién y que esto y que lo otro... Estas cosas no sirven para nada. Me parece que alejan a la persona. Yo tengo que procurar que las personas se acerquen a Dios, se acerquen a Jesús".

Para Luis Dli la clave para acerca la gente al confesionario es "que no tengan miedo"

"Yo siempre les muestro esta postal (es una imagen del Padre abrazando al Hijo Pródigo), que la tengo a acá siempre. Porque me dicen ¿pero Dios me va a perdonar? ¡Pero Dios te abraza, Dios te quiere, Dios te ama, Dios camina contigo! Dios vino a perdonar, no vino a castigar, vino a estar con nosotros, ¡dejó el cielo para estar con nosotros! ¿Entonces cómo vamos a tener miedo? Me parece que es casi un absurdo, un desconocimiento, una idea equivocada de nuestro Padre Dios".

De la escuela confesora del Padre Pío

Dli asegura que ha aprendido mucho de dos capuchinos, de San Leopoldo Mandic, gran confesor, de quien ha leído mucho, y del Padre Pío de Pietrelcina, al que conoció en persona.

"Yo estuve con el Padre Pío en el año 60, creo, 61, estuve con el padre Pío. Y todas estas cosas me enseñaron mucho. Me confesé con él. Estuve con él en el mismo conventito de antes en el año 60. Esas cosas a mí me han enseñado mucho, me han grabado muchas cosas lindas de este ejemplo de misericordia, de amor, de paz, de tranquilidad, de cercanía; a pesar de que el Padre Pío era bastante fuerte, bastante enérgico. Pero cuando tenía que escuchar y perdonar era Jesús perdonando. Sí, sí".

Las recomendaciones de Francisco

Francisco habló de este capuchino el 6 de marzo de 2014, en un encuentro con los párrocos de Roma. Luego volvió a mencionarlo como ejemplo de misericordia, el 11 de mayo de 2014, en la homilía de la misa para las ordenaciones sacerdotales. También le citó en el libro entrevista El nombre de Dios es misericordia. En febrero de 2016 también lo puso como ejemplo durante la homilía de la Eucaristía que celebró en San Pedro con los frailes capuchinos y posteriormente, de nuevo, en el encuentro con los sacerdotes de Roma en San Juan de Letrán y con los confesores del Jubileo.

Francisco hablaba así: “Recuerdo a un gran confesor, un padre capuchino, que ejercía su ministerio en Buenos Aires. Una vez fue a verme, quería hablar. Me dijo: «Te pido ayuda, siempre tengo mucha gente en el confesionario, gente de todo tipo, humilde y menos humilde, pero también muchos sacerdotes… Yo perdono mucho y a veces me viene un escrúpulo, el escrúpulo de haber perdonado demasiado». Hablamos sobre la misericordia y le pregunté que qué hacía cuando sentía ese escrúpulo. Me respondió así: «Voy a la capillita, frente al tabernáculo, y le digo a Jesús: «Señor, perdóname porque he perdonado demasiado. ¡Pero fuiste tú el que me dio el mal ejemplo!»… Nunca olvidaré esto. Cuando un sacerdote vive así la misericordia sobre sí mismo, puede darla a los demás”.

Fuente: religionenlibertad.com

Tuesday, May 3, 2016

Carta de un cura: La mision de perdonar

Me ha resultado interesante la carta que habla del Sacramento de la Penitencia. Considero que nuestro querido sacerdote tenía ideas muy claras sobre cuál iba a ser, o era ya, su misión como cura. Dice así:

Escribo esta carta cuando ya me falta muy poco tiempo para ser sacerdote. Uno de los poderes que Dios da al sacerdote siempre me ha sobrecogido. El primero es el de consagrar el Cuerpo de Cristo, el segundo el de perdonar los pecados. Esos dos carismas que pronto iba a recibir me sobrecogían. Muchas veces le he dicho al Señor: “No soy digno de ello, pero dame un día esos poderes ministeriales para servir plenamente a los hombre. ¡Qué gran cosa es el de perdonar en nombre de Dios! Es una maravilla el decir “Yo te absuelvo…” Te libero, te limpio, te doy la salud en el nombre del Señor. O mejor Dicho: Es el Señor el que lo hace todo valiéndose de nuestra pobre persona.

Considero de especial interés insistir en este tema tan crucial en la vida de cada sacerdote y, por tanto, de toda la Iglesia. Si a eso vino Jesús, eso es lo que tenemos que hacer: ¡Perdonar! Regalar la paz a las almas en el nombre del Señor. De lo contrario estaríamos perdiendo el tiempo traicionando nuestra misión.

Traigo aquí unas palabras que el Papa Francisco dirigió a los sacerdotes en su viaje a la Habana. Nos sirven de reflexión a todos: la tarea que el Papa Francisco pide a cada sacerdote cumplir en el confesionario

El Papa Francisco exhortó a los sacerdotes a no cansarse de perdonar a los fieles que llegan a confesar sus pecados en el confesionario. “Ese o esa que están ahí son el más pequeño y por lo tanto es Jesús”, aseguró.

Al presidir el rezo de las Vísperas junto a sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en la Catedral de La Habana (Cuba), el Santo Padre indicó que el confesionario es “un lugar privilegiado para el sacerdote” para encontrarse con “ese último, ese mínimo, el más pequeño” necesitado de su ayuda.

“Ahí (es) cuando ese hombre o esa mujer te muestra su miseria”, explicó el Papa, y advirtió que “ojo que es la misma que tienes tú y que Dios te salvó ¿eh? de no llegar hasta ahí”.

Cuando esa persona te muestra su miseria, pidió el Papa a cada sacerdote, “¡por favor! no lo retes, no la retes, no lo castigues”.

“Si no tienes pecado, pues tírale la primera piedra, pero solamente con esa condición, sino piensa en tus pecados y piensa que tú puedes ser esa persona, piensa que tú potencialmente puedes llegar más bajo todavía y piensa que tú en ese momento tienes un tesoro en las manos, en tus manos, que es la misericordia del Padre”.

Francisco pidió a los sacerdotes que “no se cansen de perdonar, sean ‘perdonadores’, no se cansen de perdonar como lo hacía Jesús. No se escondan en miedos o en rigideces”.

“Cuando te llega el penitente no te pongas mal, no te pongas neurótico, no lo eches del confesionario, no lo retes, Jesús los abrazaba, Jesús los quería”, recordó.

“Mañana festejamos San Mateo ¡Cómo robaba ese! y además ¡cómo traicionaba a su pueblo! y dice el Evangelio que a la noche Jesús fue a cenar con él y otros como él”, indicó.

El Papa señaló además que “San Ambrosio tiene una frase que a mí me conmueve mucho: ‘Donde hay misericordia, está el Espíritu de Jesús, donde hay rigidez están solamente sus ministros’”.

“Hermano sacerdote, hermano obispo, no le tengas miedo a la misericordia, deja que fluya por tus manos y por tu abrazo de perdón. Porque ese o esa que están ahí son el más pequeño y por lo tanto es Jesús”, aseguró.

No tengo nada más que añadir, a no ser el deseo de que en todas las iglesias haya una puerta abierta al perdón. El mundo necesita paz, pero no la encontrará si en su corazón no está la gracia de Dios. Cada confesor es un mensajero de paz y misericordia. La enfermedad más extendida hoy es la amargura, la soledad, la impaciencia, la desesperación… Faltan muchos médicos del alma dispuestos a escuchar y absolver en el nombre de Dios. Es la gran oferta de paz que la Iglesia hace a toda la humanidad, y debemos estar agradecidos.

Fuente: religionenlibertad.com

Friday, March 4, 2016

¿Qué es una indulgencia?, por Félix Velasco Santandreu

La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están ligadas a los efectos del sacramento de la penitencia:

"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1471).

La indulgencia puede ser parcial o plenaria, según que libre en parte o en todo de la pena temporal debida por los pecados.

Nadie que gane indulgencias puede aplicarlas a otras personas que aún viven, pero las indulgencias pueden aplicarse a los difuntos a manera de sufragio.

"Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1479).

No se pueden separar las indulgencias del resto de la vida cristiana. La indulgencia no es un procedimiento fácil para que sean perdonados los pecados evitando la penitencia, sino una asistencia que presta toda la Iglesia a los fieles para su conversión, invitándoles a que realicen buenas obras y ayudándoles a expiar la pena debida por los pecados. Es conveniente recordar que el medio ordinario para que el individuo se reconcilie con Dios y con la Iglesia es la confesión individual y completa de los pecados graves, seguida de la absolución.

"Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por eso la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1478).

"...Todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las creaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de la que se llama la "pena temporal" del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecado, de modo que no subsistirá ninguna pena"(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1472).

"El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegando el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del hombre viejo y a revestirse del hombre nuevo" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1473).

El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo, tiene la ventaja y la ayuda de ser miembro de la Iglesia. "La vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística"(Pablo VI, const ap. Indulgentarium doctrina, nº 5).